Serengueti

STORIE

Desde el primer momento en que puse un pie en Tanzania, mi objetivo era claro: obtener las mejores imágenes de animales salvajes. Lo que no imaginaba era que el viaje fuera más allá de las expectativas.

Viajábamos en un Land Cruiser con Marco, nuestro guía, quien llevaba más de 30 años recorriendo esos parajes. Cada vez que algo nos llamaba la atención, él paraba en seco para que pudiéramos captar el momento con calma.

Mientras avanzábamos por el parque, cada lado del camino ofrecía una escena diferente, una más increíble que la anterior. Ver a esos animales en libertad, tan cerca, me hizo descubrir detalles que no sabía que iba a apreciar, imágenes que jamás había imaginado.

Recuerdo que sentí un orgullo inmenso al poder capturar lo que estaba viendo con mis propios ojos. Aunque siento que mis fotos logran transmitir parte de esa magia, sé que nunca podrán mostrar al cien por cien lo que experimentamos en ese lugar.

Es increíble cómo un animal salvaje puede transmitir tanta belleza; cada imagen era una composición única de circunstancias que no se pueden repetir.

Un momento que nunca olvidaré fue cuando le pedí a Marco que se detuviera para observar un grupo de cebras al amanecer. Me miró sorprendido y me preguntó: “¿Por qué?”

Según él, la mayoría de las personas no se detienen mucho con las cebras, las consideran aburridas. Pero para mí, no se trataba de capturar solo a los «big five», yo quería mostrar la belleza en cada criatura, sin importar su tamaño o fama.

Recuerdo que sentí un orgullo inmenso al poder capturar lo que estaba viendo con mis propios ojos. Aunque siento que mis fotos logran transmitir parte de esa magia, sé que nunca podrán mostrar al cien por cien lo que experimentamos en ese lugar. Es increíble cómo un animal salvaje puede transmitir tanta belleza; cada imagen era una composición única de circunstancias que no se pueden repetir.

Marco también nos enseñó una expresión que se quedó grabada en mí: “Pole pole”, que significa paso a paso. En un safari, como en la vida misma, hay que ir con calma, disfrutar del camino y no apresurarse.

Me di cuenta de que esa frase no solo describía nuestra experiencia en Tanzania, sino también una forma de ver la vida.

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