España desde la furgo
Y aquí empieza el primer Detrás. No tengo muy claro hasta dónde llegará todo esto, pero sí tenía muchas ganas de empezar. De sentarme, escribir y dar algo más de espacio a todas esas cosas que normalmente se quedan fuera de una fotografía. Espero que disfrutéis de este pequeño proyecto tanto como yo estoy disfrutando al darle forma.
En este primer Detrás quiero hablaros de algo que ocupa buena parte de mi tiempo y de mi vida: mi trabajo. Soy un tipo afortunado por muchos motivos. Uno de ellos es poder dedicarme a lo que me apasiona: hacer fotos.
Paso buena parte de mi jornada recorriendo España. Es cansado, sí, pero también me ha permitido descubrir el pedazo de país que tenemos.
No es un turismo idílico. Apenas hay tiempo para detenerse y conocer con calma las ciudades en las que paramos. Y sí, hablo en plural: somos un buen grupo de gente y, como habéis leído en el título, viajamos en furgo.
Cada estancia, por breve que sea, me permite asomarme a los lugares más emblemáticos de cada ciudad. No da para mucho, pero suele quedar un hueco para probar la comida de la zona y, cómo no, su vino o su cerveza.
Así llevo unos seis años: de un rincón a otro de España, subido a una furgoneta y con la cámara colgada al cuello.
En este tiempo ha habido de todo: recibimientos que tenían poco de bienvenida —de esos quizá os hable cuando haya más confianza—, cafés de carretera que saben a rayos, mareos, nevadas, lluvia, frío, calor… Y muchas, muchas historias.
Pero, entre tantos kilómetros, hay una imagen que desde hace unos meses me llama especialmente la atención: el toro de Osborne.
Lo veo desde pequeño. Formaba parte de esa sucesión de imágenes que uno contempla por la ventanilla casi sin pensar: campos interminables y, de pronto, un toro recortado en el horizonte. Estaba tan acostumbrado a encontrarlo que apenas me detenía a mirarlo.
Hasta hace unos meses.
Quizá conozcáis su historia. En 1956, Manolo Prieto diseñó la silueta para una campaña publicitaria del brandy Veterano, de las bodegas Osborne. Las primeras vallas se instalaron al año siguiente. Con el tiempo, aquella imagen fue transformándose hasta convertirse en uno de los iconos más reconocibles del paisaje español. Algunos de estos toros cuentan, además, con protección patrimonial, como el de Benahadux, en Almería, declarado Bien de Interés Cultural.
Me cuesta pensar en muchas campañas publicitarias que hayan dejado una huella semejante en España.
Últimamente me he obsesionado un poco con esa silueta. Quizá sea el resultado de verla tantas veces, durante tantos años, y de haber empezado por fin a prestarle atención.
Y la realidad detrás de esta foto es mucho más sencilla de lo que podría parecer. La hice subido en la furgo, camino de Zaragoza, en uno de tantos días de carretera. Iba escuchando música, como casi siempre que viajo. La música forma una parte muy importante de mi vida: escucho muchísima, me acompaña y me inspira mucho.
En aquel momento sonaba en mis auriculares El Último de la Fila, concretamente Como un burro amarrado en la puerta del baile. Desde entonces, cada vez que escucho esa canción, mi cabeza vuelve inevitablemente a esta fotografía y a este icono con tanto significado.
Y eso es algo que me encanta de la fotografía: una imagen no guarda solo aquello que aparece dentro del encuadre. También guarda el momento, dónde estabas, lo que sentías e incluso lo que estabas escuchando. Y si ese recuerdo viene acompañado de buena música, mejor todavía.
Detrás de esa presencia tan familiar para mí está el trabajo de Manolo Prieto: una imagen capaz de acompañarnos durante décadas.
Este emblema de España es, sin duda, un motivo de orgullo por lo que representa: no solo una marca de brandy, sino el toro, la tradición y la cultura española.
Vivimos tiempos en los que nos cuesta valorar esa cultura compartida. En un país con una riqueza cultural extraordinaria, debería ser un lugar de encuentro y respeto.
La cultura es de todos los españoles. Y el toro, no solo el de Osborne, es un emblema nacional de proyección universal que todos debemos cuidar, apreciar y reivindicar.
Ojalá este primer Detrás os anime a mirar con más atención en vuestro próximo viaje. A descubrir esa silueta en el horizonte y a pensar en lo que significa. Aquí he querido contaros lo que representa para mí, un sentimiento que creo que muchos compartimos.
Si os ha gustado, estaré encantado de leeros. Y, si queréis recibir los próximos Detrás, suscribíos: quedan muchas historias por contar.
También os agradeceré que compartáis este pequeño proyecto. Nace con mucha ilusión y con el deseo de transmitiros, al menos, una parte de lo que mis fotos me transmiten a mí.
Quizá esta historia no termine aquí y encuentre su sitio en vuestro salón. Una pequeña ventana a la carretera, incluso en los días en los que no toca viajar.
Nos vemos en el próximo Detrás.
Un abrazo,
Willy





